La Obra Social: fotografía principal de DBB; Fotografías secundarias: Mario Gambra, Marta Valcarreras, Eduardo Sauras.

La Obra Social.

Los miembros de la Cofradía tenemos que hacer honor a nuestro nombre de “hermanos” y, por tanto, no podemos tener otro fin, ni otra regla, ni otro derecho, ni otro deber más importante que el de amarnos mutuamente. En efecto, lo de “no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás” y todos los demás preceptos se resumen en esta fórmula: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22, 39).

Ser cofrade es amar a los demás.

Como se indicaba en nuestras propias señas de identidad, el AMOR es el único y distintivo signo de la Cofradía y lo que contribuye a que realmente sea una comunidad humana y cristiana donde todos los cofrades se sientan y actúen como hermanos, no por unos vínculos de amistad o de sintonía de objetivos que se pretenden conseguir, sino por sentirse fieles seguidores de Cristo, Aquel que se hizo hombre para mostrar a los hombres el amor del Padre y su deseo de hacer de todos una gran familia, una comunidad de hijos en el amor.

Si la Cofradía no camina por las sendas del amor en el seguimiento del Señor  y sus Estatutos no tienen como suprema urgencia la construcción del amor cristiano desde su misma raíz en la vida cofrade, contradice los fines de la existencia humana, los de la Iglesia y los de la misma Cofradía. Dicho con otras palabras: o somos una auténtica Cofradía o somos una peña o una “comisión de festejos”, por muy sacros y solemnes que puedan resultar exteriormente nuestros actos.

Consecuentemente, ser cofrade, ser cristiano, es amar a los demás. Pero, si solo amamos a nuestros hermanos, si solo amamos a quienes nos aman, ¿qué mérito tenemos? (cf. Lc 6,32). Como recalcaba Benedicto XVI «en Dios y con Dios también amo a las personas que no me gustan o que ni siquiera conozco… Aprendo a mirar estas otras personas no sólo con mis ojos y con mis sentimientos, sino también desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo». [1]

Un amor al prójimo que las cofradías lo transmitimos, principalmente, a través de la caridad.

La Caridad, virtud intrínseca al carisma cofrade.

Para comprender la naturaleza de la obras social es imperativo trascender el concepto de filantropía secular. Y es que la Cofradía no opera bajo la lógica del humanismo laico, sino bajo el mandato teológico del agapé (amor cristiano). La caridad, en este contexto, no es una opción voluntarista ni una estrategia de responsabilidad social corporativa; es una exigencia ontológica que emana de su propia naturaleza eclesial.

Si la Cofradía se quedara únicamente en salir a la calle con nuestros hábitos, capirotes y terceroles, quedaría vacía de contenido si no tuviera un correlato en la «procesión hacia el prójimo». La fe que no se traduce en obras es una fe muerta (cf. Santiago 2, 17) y por eso los cofrades debemos aprender a mirar al otro (especialmente al vulnerable, al que más lo necesita) desde la perspectiva de Jesucristo, superando las barreras de la simpatía o la mera afinidad natural.

Además, el ejercicio de la caridad y la ejecución de obras y acciones sociales encuentran una base intrínsecamente integrada en el propio carisma cofrade, tal y como señaló el fallecido Benedicto XVI [2]:

Así, desde los orígenes, vuestras cofradías se han distinguido por sus formas típicas de piedad popular, a las que se unían muchas iniciativas de caridad en favor de los pobres, los enfermos y los que sufren, implicando a numerosos voluntarios, de todas las clases sociales, en esta competición de ayuda generosa a los necesitados. Se comprende mejor este espíritu de caridad fraterna si se tiene en cuenta que comenzaron a surgir durante la Edad Media, cuando aún no existían formas estructuradas de asistencia pública que garantizaran intervenciones sociales y sanitarias a los sectores más débiles de la colectividad. Dicha situación ha perdurado a lo largo de los siglos sucesivos, podríamos decir hasta nuestros días, en que, a pesar del incremento del bienestar económico, todavía no han desaparecido las bolsas de pobreza y, por tanto, hoy como en el pasado, queda mucho por hacer en el campo de la solidaridad.

Benedicto XVI, 2007.

Consiguientemente, las cofradías deben tener su Obra Social por tres motivos evidentes, tal y como lo reflejaba el doctor en Teología y conocidísimo cofrade zaragozano, Armando Cester [2]:

· Por Tradición: En el seno de las antiguas cofradías y hermandades, siempre ha existido la ayuda a los necesitados, muchas veces llevada a cabo bajo un aspecto gremial, pero en otras ocasiones desprendiéndose del mismo y ayudando al necesitado sin más condicionamiento que este.

· Por Estatutos: Esta ayuda venía y viene recogida en muchos estatutos. Se debería llevar a cabo nada más que por cumplirlos. En nuestros estatutos, viene específicamente recogido en el artículo tres que habla de los fines de la Cofradía, y cita textualmente: «Realizar, con la debida aprobación eclesiástica, una decidida tarea social dirigida a los sectores más necesitados de la población».

· Por Culto Cristiano: Las Cofradías son asociaciones de la Iglesia dedicadas al culto pero hay que entender bien que el culto cristiano se diferencia del resto de las religiones, principalmente porque “exige” que tenga una traducción en nuestra vida comunitaria. Que lo celebrado se viva en el día a día. Que nuestra santificación recibida en el culto, se exprese en amor a los hermanos. El culto cristiano es culto al Padre en «Espíritu y verdad» (Jn 4,23-24) de forma que no se produzca desfase o ruptura entre nuestras procesiones y actos culturales y nuestra vida, en definitiva entre el culto y la actitud interior que debe tener una expresión exterior.

La verdadera obra social pasa por entregarse a sí mismo.

La verdadera ayuda hace que nuestro prójimo más necesitado sea verdadero protagonista de su desarrollo, de su propia vida; no se les trata como objetos de nuestra bondad, sino como hijos de Dios que, con su vida y su generosidad, transforman nuestro corazón y la sociedad entera. Un proyecto de ayuda a los más necesitados que precise de nuestra participación física y de un compromiso periódico es el instrumento que necesitamos para encauzar verdaderamente nuestra solidaridad cristiana.

También, puede ocurrir que nuestra ayuda vaya a muchos kilómetros de distancia y se nos pase por alto la atención en nuestro entorno más cercano. En nuestro barrio, en nuestra parroquia, en la familia. Cuántas personas nos necesitan y no nos damos cuenta.

En la propia Cofradía parece existir una subordinación de lo personal a lo social; interesa sobre todo la “vida de la hermandad” más que la vida de los hermanos. Por eso nunca se insistirá demasiado en no marginar ni desunir; de respetar y cuidar la cordialidad y el trato humano; en la necesidad de aprovechar el generoso caudal de vida que es la Cofradía en la que podemos compartir tiempo, salud, amistad, palabras, tristezas y alegrías; en la que podemos acompañar a los que están solos, velar a los que necesitan ser cuidados, atender siempre a quien más sufre.

Las acciones sociales en nuestra Cofradía.

Si bien desde su propia fundación, la Cofradía ha ido emprendiendo diferentes acciones y ayudas a distintos fines y colectivos, en la última década es cuando verdaderamente ha potenciado su actividad socio-caritativa gracias a la dedicación, esfuerzo, entrega y conocimiento dirigido desde la Vocalía de Obra Social, institucionalizando así este ámbito tan relevante al establecer una estructura formal, una asignación de presupuesto anual e, incluso, una auditoría de resultados a través de las memorias públicas que se dan a conocer.

Para nuestra Obra Social, se ha optado por un modelo de especialización táctica en el que, en lugar de intentar abarcarlo todo, se centra en nichos concretos donde nuestras aportaciones pueden resultar más valiosa, incluso llevando a cabo estrategias de «micro-mecenazgo dirigido», que es altamente eficiente porque cubre huecos que las grandes campañas generalistas a veces pasan por alto.

La capacidad de movilización y la adaptación de las campañas a las necesidades cambiantes demuestran que la Obra Social de la Cofradía es algo vivo y reactivo ante el dolor social. Y el enfoque de construir un tejido social de ayuda y colaboración con otras instituciones, asociaciones y cofradías, hace crear una «comunidad de comunidades» que produce mayor impacto y reduce costes logísticos.

De este modo, se planifican una serie de acciones que abarcan prácticamente todo el año:

· Ensayo solidario: quizás la iniciativa más emblemática y exitosa de la Cofradía pues aprovecha la potencia de convocatoria y el eco de nuestra Sección de Instrumentos para transformar uno de nuestros ensayos en una gran cita solidaria y de fraternidad.

Así, desde el año 2017 se han ido marcando distintos retos, con recogida de diferentes tipos (desde alimentos, ropa, productos de higiene, etc.) que se han ido destinando a instituciones como el Banco de Alimentos de Zaragoza (2017); el Centro de día y consigna San Blas, para personas sin hogar (2018 y 2019), la Casa Cuna AINKAREN (2020), Hermandad del Refugio (2021-2023), Sociedad de San Vicente de Paúl (dobles retos de 2023 y 2024) y Duchas y Lavadoras del Centro de Acogida Familiar Agustina de Aragón (2024 y 2025).

· Campaña de Navidad: previa a las fechas navideñas, se solicita la colaboración de los cofrades y se recogen en la sede de la cofradía, productos de higiene personal (gel, jabón, maquinillas y espuma de afeitar, colonia), ropa, y especial calcetines de abrigo, productos de limpieza, para la Fundación San Blas parar personas sin hogar.

· Recogida de alimentos: se participa en campañas en favor de la Hermandad del Refugio así como en “Gran Recogida” organizada por la Fundación Banco de Alimentos, en la que los hermanos voluntarios quedamos asignados de forma conjunta en un supermercado de la ciudad. Y, si bien antes de la pandemia se llevaba a cabo una labor de recogida de alimentos físico, actualmente se desarrolla una labor informativa para fomentar las donaciones económicas que se hacen efectivas en las propias cajas del supermercado correspondiente.

· Servicio de Comidas en la Hermandad del Refugio: varios hermanos de la Cofradía participan periódicamente como voluntarios en el comedor de la Hermandad del Santo Refugio, ayudando en el servicio de comidas, en una acción que llevamos a cabo con la Cofradía de la Coronación de Espinas, que nos acogen dentro de su grupo para poder realizar esta labor de acción social para con los demás.

· Jornadas de Donación de Sangre: para el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón, en una actividad conjunta con las cofradías de la Coronación de Espinas, Ecce Homo y Siete Palabras que denota lazos fraternales, organizándose así cuatro jornadas al año a celebrarse en las sedes de cada una de ellas.

· Ayuda a la infancia y juventud: respondiendo a la vocación fundacional de la Cofradía de relacionarse con la juventud y atender a la infancia vulnerable, coherente, asimismo, con nuestra fuerte y nutrida Sección Infantil. Principalmente, se colabora con la Asociación YMCA en su área de Servicios Sociales, en la Campaña de Forros Polares Nuevos, además de entregar ropa de segunda mano para su ropero y libros de literatura infantil y juvenil. Además, también hermanos de la Cofradía se unen a la campaña de “Las cartas a los Reyes Magos”, donde hacen una aportación de juguetes y regalos nuevos para los más pequeños de las familias usuarias de los servicios de atención familiar de la entidad.

· Con las personas mayores: También, junto a la Sección de Instrumentos y en los últimos días de Cuaresma, la Cofradía trata de alegrar, hacer disfrutar de un rato agradable y acercar nuestros sonidos y la propia Semana Santa zaragozana a las personas más mayores que no podrán presenciarla en directo, acudiendo a algunos centros de mayores de DomusVi y Ballesol. En otras ocasiones, es nuestro Coro quien hace labor similar en fechas también entrañables, como la Navidad.

· “No te encuentres solo”: otro aspecto fundamental, aunque opaco, es la ayuda que la Cofradía presta “puertas adentro”, a sus propios hermanos, disponiendo de ciertos mecanismos para apoyar a quienes se encuentran en situaciones difíciles, ofreciendo diferentes ayudas y acompañamiento, siendo especialmente reseñable la labor desarrollada durante todo el tiempo de pandemia, en la que se llevó a cabo un seguimiento personal a los hermanos, con llamadas periódicas para conocer su estado y cubriendo las necesidades vitales de aquellos que se encontraban solas.

Y además, se colabora periódicamente haciéndonos partícipes en campañas en favor de Caritas o el Comedor Social de la Parroquia del Carmen, contribuyendo también en «filas 0» e iniciativas similares en conciertos y actos benéficos, u ofreciendo charlas informativas y talleres en otras asociaciones. Asimismo, también se recogen diferentes donativos económicos a lo largo del año, destinando para una causa concreta cada año la colecta que se organiza en el transcurso de nuestra Fiesta Titular.

La acción conjunta de las obras sociales de las cofradías zaragozanas.

La Semana Santa de Zaragoza, reconocida y declarada de Interés Turístico Internacional, constituye uno de los fenómenos sociológicos, culturales y religiosos más complejos y multitudinarios de nuestra ciudad. Sin embargo, reducir este acontecimiento a su dimensión estética, sonora o puramente procesional supondría un reduccionismo analítico que ignoraría uno de sus ejes vertebradores más relevantes de las cofradías con la sociedad zaragozana: las obras sociales que todas las cofradías, hermandades y congregaciones llevamos a cabo.

Además, y puesto que como todas las cofradías, hermandades y congregaciones tenemos «Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos» (Ef. 4, 4-5), todas caminamos juntas, en clave de sinodalidad, buscando el bien común, por lo que, además de emprender acciones conjuntas en diversas ocasiones, también todas juntas presentan su memoria en la que plasmamos la colaboración que durante el año mantenemos con distintas instituciones, organizaciones sociales y fundaciones, reflejando, asimismo, los resultados de las múltiples campañas de recogida de alimentos, material escolar, ropa, juguetes, donaciones de sangre, jornadas deportivas, conciertos, espectáculos, aportaciones económicas directas, atención al necesitado, etc.

En la memoria del año 2024, la Junta Coordinadora de Cofradía de la Semana Santa de Zaragoza presentó los siguientes datos conjuntos:

  • 1.069 cofrades participaron como voluntarios.
  • Se recogieron 31.037 kilos totales de ayuda, para destinarlos a los más necesitados.
  • Se recaudaron un total de 134.820 € de aportación económica directa.
  • 109.919 € se destinaron, de forma indirecta, a cubrir distintas necesidades.
  • Se ha colaborado con 93 entidades.
  • 652 familias ayudadas.
  • 630 personas han donado sangre.

Este año se incluyen además, los datos recogidos para ayudar a los afectados de la DANA en Valencia:

  • Con una ayuda de 8.577 kilos de material.
  • 199 voluntarios.
  • 70 familias ayudadas.
  • Colaboración con 12 entidades.
  • 15.605 € de aportación económica directa.
  • 13.100 € aportados de forma indirecta.

Notas de referencia:

[1] Benedicto XVI: Carta encíclica ‘Deus Caritas Est’, nº 18.

[2] Benedicto XVI; Discurso a la Confederación de Cofradías de las Diócesis de Italia, 10 de noviembre de 2007.

[3] Armando Cester Martínez: “Las obras sociales en nuestras cofradías: ideas básicas sobre su organización y funcionamiento”. En las VIII Jornadas cofrades de la Asociación de Cofradías de Semana Santa de Ciudad Real, 2012.